Amar con hambre
El canibalismo como metáfora del amor
Un día cualquiera en mi trabajo, hablando con mi jefa mientras sonaba Soda Stereo —específicamente Entre Caníbales —, le explicaba que yo relacionaba mi concepto del amor con el canibalismo. Me parecía algo dramático, pasional, intenso incluso real.
Ella lo veía distinto: egoísta, posesivo, tóxico, grotesco. Más una cuestión de poder que de amor. Y tenía razón, pero desde su forma de entenderlo. Eso fue lo que me hizo dudar: quizás todo depende de lo que cada uno cree que es amar.
La metáfora del canibalismo ha estado en la literatura, el arte, el cine y la música como una forma de representar la naturaleza salvaje del amor o de lo que creemos que es amor, el deseo que muerde, acaricia, desespera y devora. Un impulso que sobrepasa límites, que roza la muerte.
Hay algo casi romántico en esa idea. Incluso excitante. La necesidad de consumir al otro, de no dejar nada, de ser consumido hasta los huesos. Como si amar fuera un hambre imposible de saciar.
Y en ese proceso, inevitablemente, nos lastimamos. Como si solo después de devorar o ser devorados pudiéramos reconocer que eso era amor.
Lo que me hace pensar en Bones and All de Luca Guadagnino, interpretada por Timothée Chalament y Taylor Russell. La película convierte el acto de “devorar” en una metáfora incómoda pero interesante: amar como consumir al otro, necesitarlo hasta el punto de que duele, hasta el punto de destruir.
Maren y Lee no solo se quieren; se reconocen en lo que el mundo rechaza. Y ahí está lo más honesto: no buscan salvarse, buscan no sentirse solos en lo que son.
A diferencia del amor idealizado, aquí el amor no cura. No transforma. Solo acompaña.
Y hay algo profundamente triste y verdadero en eso. Porque a veces el amor no te hace mejor persona; solo te da un lugar donde tu oscuridad es entendida. Y eso puede ser tan bello como peligroso.
La intimidad llevada al extremo: conocer a alguien “hasta los huesos”.
Lo que te deja al final de la película con la pregunta:
¿Qué tan lejos puede llegar el amor antes de dejar de ser amor y convertirse en necesidad?
No solo es una idea exclusiva del arte o del cine. También está en la religión: consumir el cuerpo y la sangre de Cristo en forma de pan y vino. Un acto de amor llevado al sacrificio, y luego repetido como ritual. Comer para permanecer. Para unirse. Como si al consumir al otro naciera algo nuevo, o como si así pudiéramos sentirnos más vivos.
Quizás porque el amor no siempre es delicado. No siempre es tierno, sutil o dulce. A veces es salvaje, incómodo, imperfecto. Hay amores que no buscan estabilidad, sino intensidad. Donde todo arde.
Y ahí es donde la metáfora del canibalismo encaja perfectamente: cuando el tacto, los besos, los abrazos, incluso el sexo, no parecen suficientes.
Como insinuaba Georges Bataille en el erotismo, que el ser humano normalmente esta separado, hasta que el beso rompe esa separación: el inicio del canibalismo, la forma mas suave de empezar a devorar a alguien, pero como si no basta con tocar al otro, sino que nace el impulso de entrar en él, mezclarse, borrar la distancia.
Y entonces deja de ser teoría.
Carry me with you all of the time
Eat of me baby, skin to the bone
Body on body, until I’m all gone
But I’m with you, inside
Como si amar no fuera estar con el otro, sino volverse el otro.
Y es ahí donde Ethel Cain lo lleva más lejos, en su forma más extrema en Famous Last Words (An Ode to Eaters) que no busca compañía sino fusión.
Consumir implica posesión, egoísmo, poder.
Ser consumido implica miedo, placer, devoción.
Todos hemos devorado a alguien que amamos. O hemos sido carne para alimentar a otro, llenar vacíos y saciar hambre
Y sí, me atrae esta metáfora. Pero no digo que todo el amor deba ser así, pero a veces lo es.
Mientras te muevas lento
Y jadees el nombre
Que mata
Come de mí, come de mi carne
Entre caníbales
Tómate el tiempo en desmenuzarme.
Quizás Gustavo Cerati solo era un argentino intenso.
Y como alguien que ya estuvo con un argentino intenso y bastante tóxico, puedo decir que es un lenguaje que conozco y tal vez un patrón.
Probablemente mi psicóloga no debería leer esto.
En conclusión, creo que todo depende de nuestro concepto del amor.
Porque esto se siente como amor, pero no lo es.
Se parece, arde como tal, pero no está bien.
Son patrones, tóxicos, quizá aprendidos.
Y aun así, la metáfora me parece interesante, tan
drástica, erótica, retorcida. Demasiado honesta para ignorarla.




